Llegada a Ciudad de México
Llegar, instalarse y soltar el cansancio del viaje. Una primera tarde tranquila juntos, sin más plan que conocer a las otras familias y dormir bien.
Vive una semana de descubrimiento explorando los museos de Ciudad de México y las festividades del Día de Muertos, conoce la historia y las tradiciones nahuas, sumérgete en los vibrantes mercados y la cultura gastronómica de Oaxaca, y termina con tiempo para relajarte en la costa oaxaqueña.
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Ocho días, al ritmo de los niños. Cada día tiene uno o dos momentos clave, con espacio para respirar alrededor.
Llegar, instalarse y soltar el cansancio del viaje. Una primera tarde tranquila juntos, sin más plan que conocer a las otras familias y dormir bien.
Un buen desayuno mexicano de chilaquiles y luego el Museo de Antropología, uno de los grandes museos del mundo y sorprendentemente cautivador para los niños. Tacos al pastor en Polanco, el Zócalo y el Templo Mayor por la tarde, y cena en el frondoso Coyoacán.
Al corazón de la celebración: el desfile de Día de Muertos y después comida en el enorme Mercado de la Merced. Por la tarde, Xochimilco: la historia de las chinampas flotantes, contada desde una trajinera de colores mientras navegamos los canales.
Vuelo por la mañana a Oaxaca y directo a su sabor: el Mercado 20 de Noviembre, una demostración de chocolate y manos a la obra —moler y batir chocolate oaxaqueño tradicional y dar forma al pan de yema—. Los valientes prueban chapulines. Cena en el centro y esquites al anochecer.
Desayuno en el mercado y luego subida a Monte Albán para una introducción a la cultura zapoteca entre las antiguas terrazas. Tlayudas para comer y, por la tarde, una clase de mole: el largo y paciente, de muchos ingredientes, que a los niños les encanta revolver.
Otro desayuno de mercado y luego a la artesanía: una clase de barro negro y alebrijes dando forma al barro y pintando criaturas de madera, y una clase de textiles en el telar. Un vuelo nocturno nos lleva a la costa, a Huatulco.
Una mañana sin prisa en el hotel y luego un paseo en lancha a las playas tranquilas de las Bahías de Huatulco. Una cena de despedida en la arena mientras la semana llega a su fin.
Vuelo de regreso desde Huatulco, con una semana del México real guardada en los bolsillos de todos.
No una lista de cosas que mirar, sino un puñado de cosas para hacer, junto a quienes las hacen cada día.
Moler, batir y probar chocolate caliente tradicional, y luego dar forma al pan de yema para acompañarlo.
Una tarde en una clase de cocina preparando mole con muchos ingredientes: lento, aromático e indulgente con las manos pequeñas.
Una clase de barro negro y alebrijes: modelar piezas del famoso barro negro y pintar una pequeña criatura de madera para llevar a casa.
Una clase de textiles donde los niños prueban el tejido que ha vestido estos valles durante siglos.
Un paseo en trajinera por los jardines flotantes de Xochimilco, con la historia contada por el camino.
Un formulario breve para apartar tu lugar y abrir una conversación. No es un pago final.